Y reconozco que estoy loca. Que me asusto de ver cómo a veces parece que tenga un trastorno bipolar… Como la gente me describe como descarada, alocada, feliz, espontánea y abierta. A veces estoy eufórica, como si estuviera drogada. Y entonces, nada me importa, soy feliz…
He conseguido que la gente piense que todo en mi vida es de color de rosa. Soy una gran actriz, tan buena que soy capaz de ocultar mi lado más triste y que nadie tenga la más mínima sospecha. Luego llego a mi cama, y me tumbo, a pensar… a pensar en mis heridas, a pensar en el apoyo que no he recibido, lo sola que he estado y cuánta gente me ha traicionado. Pensando si de verdad merece la pena todo esto… o no.
Que cuando dicen que el tiempo cura las heridas, no es verdad…. ¡no es verdad! Lo que pasa es que las heridas cicatrizan con el tiempo, y esas cicatrices se abren, y vuelven a sangrar; y dejan marca, para siempre.
Y tendré que soportar las secuelas de mujer herida, de mujer casi sin orgullo. Mujer pisoteada con los tacones de una sociedad pseudofeminista. Y cuando vuelva a ver como el mundo, como los cerdos, se regocija en sus propios excrementos, feliz, alardeándose de ello; cuando vuelva a ver como otro de esos cerdos engorda egoístamente a expensas de la dignidad de una persona… Entonces me tragaré el poco orgullo que me queda, y dejaré que vaya desgarrando cada parte de mi cuerpo por donde pase. Para que nadie vea como muero por dentro. Para que sigan felices, para que no vean lo que nunca han visto.
“Here I am, on the road again,
here I am, upon the stage,
there I go, playin’ a star again…
there I go… turn the page….”

Al leerte, sé de lo que hablas, defines tantas partes de mi vida… que casi me asusta verme al verte.
Sé de sonreir y llorar hacia dentro cuando quema el alma.
Sé de quitarme el caparazón al llegar a casa.
Sé de hacer inventario de aquello que ocultamos a los demás, por temor a ver cómo les daña nuestro dolor.
Sé de mentiras piadosas, de recidivas en el alma.
Sé de no conocerme, de no reconocerme.
Sé que no queremos herir a los demás, por eso actuamos, e intentamos hacer su días más luminosos, y su problemas, más leves.
(En mi blog la última entrada tiene una canción, escúchala… no es Metallica, pero puede hacerte sonreir)
Cuidate, mil besos
Aunque no lo creas, a mí también me pasa, pero yo no me siento sólo, no siento que nadie me ayuda y me hace seguir adelante. No siento esto, porque al ponerme ese caparazón, no se dan cuenta de lo que me pasa, y me ven como una persona feliz, así que ¿por qué van a preocuparse por mi? yo, aparentemente, no tengo problemas.
Hola! No dejes que el viento de estos día, con ru furia primaveral, te azote demasiado. Te voy a contar algo: el otro día me encontré con un fantasma del pasado, después de veinte años. Él no me reconoció, pero yo a él si. Los fantasmas se hacen viejos, su pelo se vuelve blanco. Los fantasmas olvidan, ya no te reconocen, pero tú a ellos jamás. A veces parece que las heridas nunca cicatrizan, pero sí que lo hacen, y no solo cicatrizan, sino que, además, te harán más fuerte y mejor persona. Yo siempre digo: lleva cuidado con la gente herida, porque son supervivientes. Y los que han sobrevivido con sus heridas, son los fuertes, porque los otros… están muertos, perecieron en el camino y se perdieron para siempre. ¡Abrid paso a los heridos! ¡Y temedles! Antes, en la antigüedad, el peor castigo no era la muerte, sino el destierro (que se lo digan a Sócrates), así que… ¡Al destierro con los fantasmas!