Posiblemente es lo que casi todo el mundo contesta cuando alguien se atreve a decir: “eres machista”, pero en nuestra sociedad se respira un ambiente que deja mucho que desear en cuanto a la libertad y los derechos del sexo femenino. Y no olvidemos que, absolutamente todas las personas formamos parte de la sociedad, así que muy raramente podemos exculparnos. Y lo más triste de toda esto, es que las propias mujeres contribuimos a que continúe esta barbarie mundial.
Porque mire donde mire, siempre hay algo que nos recuerda a las mujeres como tenemos que ser hoy en día: trabajadoras, eficientes, comprensivas, organizadas, responsables, limpias, buenas madres, amantes perfectas, sufridoras, y además, guapas, atractivas, elegantes y con estilo. Y mucha gente llama a todo esto “feminismo”. Atención, amigas, ahora no sólo nos tenemos que ocupar de la casa, sino que también hay que trabajar: ¡viva la igualdad! Sí, para tener los mismos derechos que un hombre tenemos que demostrar que somos capaces de hacer absolutamente todo lo que no sería capaz de hacer una veintena de hombres juntos, y sin bajarnos de los tacones. ¿Dónde está el feminismo? ¿Alguien se pregunta que tuvo que hacer la primera mujer que fue presidenta, o la primera mujer que fue a la universidad, para llegar ahí? Seguro que cualquier otro presidente o cualquier otro estudiante no se enfrentó ni a la décima parte de todo lo que tuvo que afrontar esa mujer. Y sin embargo, llegaron a la misma ocupación. Y ahora, ¿de verdad alguien sigue creyendo que tenemos las mismas oportunidades? Nos quieren convencer para que creamos que tenemos igualdad de derechos, cuando la realidad es bien distinta, y si les falla la teoría nos consolarán diciéndonos que las mujeres somos más inteligentes que los hombres ¿en serio? ¿de verdad? ¡Qué guay! ¡Ya no me preocupa que me traten como a un jarrón!
¿Y por qué las propias mujeres se avergüenzan de serlo? Y lo que es peor: ¿por qué van de feministas? Yo uso vestidos, uso perfume, me gusta el color rosa, me aburre el fútbol, me encanta que me regalen flores, no tengo la líbido de un hombre y a veces mi estado de ánimo depende de mis estrógenos. Lo reconozco y no me avergüenzo de ello. Soy así y lo acepto. ¿Qué tiene de malo? Yo ni soy ni quiero ser un hombre. Algunos aspectos de mi forma de ser corresponden a lo que nuestra queridísima cultura llama “cosas de mujeres”, pero sin embargo, rechazo absolutamente cosas que se han hecho “para las mujeres”, tales como los programas del corazón o esas absurdas dietas de las revistas. Es como una obligación social el que las mujeres hablemos de perder esos kilos que nos sobran, es una obligación social el que las mujeres seamos perfectas. A veces me da la sensación de que la dieta es el tema de conversación estándar en un grupo de mujeres, así como el fútbol en hombres más o menos, sólo que el fútbol se engloba dentro del ocio y tiempo libre, y los regímenes de adelgazamiento no (“¿Quedamos este fin de semana?” “Vale, ¿qué hacemos?” “Mmmm… ¿la dieta del pollo y la piña?” “Vale”).
Todo está enfocado para que las mujeres asumamos un rol y los hombres otro totalmente diferente. Las revistas, por ejemplo, sólo hay que mirar las que van dirigidas al sexo masculino, con una portada donde saldrá seguramente una chica semidesnuda y exuberante, o quizá un coche, o una moto. Y hablarán de deportes, te regalan un par de pósters medio eróticos y dirán qué coche corre más o algo así. Ahora nos vamos a la sección femenina, y nos encontramos mil y un trucos de belleza, una chica perfecta en portada para que todas seamos como ella, trucos para adelgazar, las últimas novedades en moda, lo que se lleva, lo que está anticuado, cómo enseñar a tus hijos a comerse el brócoli, el horóscopo, y quizá te regalen una crema antiarrugas por si tienes más de 20 años. ¡Ah! Y no olvidemos la sección: ¿qué método anticonceptivo debo usar?, porque todo el mundo sabe que es la mujer la que debe preocuparse de que un hombre no la deje embarazada.
Claro, si toda esta parafernalia se da en las revistas, que se venden porque el público al que van dirigidas las compran, no pensemos en lo que ocurre en la televisión, medio de información más utilizado a día de hoy y gratuito, donde lo único que importa son los índices de audiencia (dentro de poco acabarán emitiendo pornografía en el horario infantil). Empezando por los anuncios: ¿”Falda mini, confianza maxi”? Usa tampones porque así te podrás poner minifaldas y todos los chicos te mirarán y pensarán que eres el trozo de carne que siempre hemos sido. ¿No es patético? Y no hablemos de los anuncios de alimentos bajos en calorías: ¿plan quince días? ¿La vida no está hecha para contar calorías? ¿cuida tu línea con vitalínea? Y por algún extraño motivo, o no tan extraño, siempre salen chicas que no necesitan perder peso aconsejándonos al resto de mujeres que perdamos estos kilos que tenemos de más, bien porque llega el verano o bien porque hemos engordado en navidad o bien porque suponen que nos pasamos la vida a dieta porque si comemos algún día como una persona normal engordamos tanto que ya no podremos desfilar en Cibeles luciendo la ropa de algún misógino obsesionado con que se vean más sus diseños que a la modelo. Y qué pasa con los hombres: ¿los hombres no necesitan adelgazar? ¿O quizás para ellos no llega el verano? ¿O es que los hombres no comen turrón en Navidad?
Pero el machismo no sólo se limita a los anuncios, no. Resulta que toda la televisión está plagada de programas que siguen mostrando como las mujeres tenemos que hacer lo imposible para que se nos trate bien. ¿Cuántas Beas han salido ya? Todas son feas, patéticas, horteras, todo el mundo se aprovecha de ellas… Pero no importa, porque todas consiguen al chico guapo, acaban siendo hipermegasuperimportantes en la empresa y al final (redoble de tambores), lo más importante: ¡acaban siendo guapas! Moraleja: da igual si eres una superwoman, lo verdaderamente importante es que al final acabes siendo guapa y encontrando al hombre de tus sueños. ¡Qué forma más sutil de recordarnos que nuestro único objetivo en la vida es ser una belleza para seguir siendo el florero de algún hombre! Y por cierto, si alguien conoce algún caso en la vida real parecido al de nuestras queridísimas Bettys, que hable ahora o calle para siempre.
Y ahora llega el turno de los informativos, y llega la maravillosa sección de deportes: “ahora con ustedes, la información deportiva, donde le contamos que puede hacer para tener vida en sus ratos libres y así tener un tema de conversación con alguien”. Porque sino hablan de deporte ¿de qué van a hablar? ¿de filosofía? Y nos informan de los partidos de fútbol, de los de baloncesto, de fórmula uno, de moto GP, ect. Y de vez en cuando también salen mujeres en la sección de deportes…. normalmente están sujetando alguna sombrilla. ¡Ah! ¿Pero es que las mujeres también practican deportes? ¡Ah, sí! Son esas chicas que llevan faldas tan cortas y a veces raquetas. A las demás no las sacan porque no llevan minifaldas y no pueden anunciar tampones, está claro. ¡Y luego dicen que el deporte no es machista!
Después de todo esto, no es de extrañar que los hombres nos vean como un trozo de carne con ojos. Luego cuando descubren que tenemos opiniones, alguno que otro lo llamará “pornografía sentimental” (ejem, ejem). En fin, ya no me extraña que piensen que me siento alagada cuando me dicen: “esta noche he soñado contigo, y hacíamos cosas malas”. Seguramente pensarán que me han dicho el piropo de mi vida, cuando realmente piensas “¿Por qué me dices esto? ¡Me da asco!”, al mismo tiempo que respondes: “Sí, yo también he soñado que hacíamos cosas malas: atracábamos un banco”. Al próximo que me lo diga le regalo mi tanga, premio por ser el número 1.000.000 que me lo suelta.
¡Ale! Ains, ¡cómo mola el mundo!
¿Machista, yo?