… 25 de mayo de 2007 …

Mi historia comienza la noche de un jueves, madrugada del viernes, a las cuatro y media de la mañana. ¿Qué hacía yo despierta a esas horas? Pues acostumbro a estudiar de noche, y esa era una de esas noches. Sin embargo, no era yo sola la que no dormía. Mi compañera estudiaba junto a mí, y en la planta de arriba los sujetos que luego serían protagonistas de este “evento” planeaban su maquiavélica acción, como forma de despedirse de esa gran temporada que habían realizado como “deportistas de élite”, esas personas que usan su cuerpo como medio de trabajo pero que tienen buena reputación. En nuestra queridad sociedad, en nuestro Mundo Feliz, todo el mundo tiene una función, una tarea; y si no sirves para nada, no te preocupes: seguro que alguien creará alguna asociación, alguna empresa, o algun club deportivo, para que tú formes parte de él; y (variando un poco la frase de Irina Dunn) un mundo sin un club deportivo es como un pez sin una bicicleta. Y en nuestra sociedad, es un derecho HUMANO que los peces usen bicicletas.

Bueno, ¿por dónde iba? Ah sí, estaba estudiando cuando a estos chicos se les ocurrió que podían bajar a mi planta, encerrarme en mi propio cuarto con uno de ellos y robar las llaves del mismo para que mi amiga no pudiera entrar. Creían que podían usar mi cuerpo como si fuera una muñeca hincable. Cuando conseguí salir de mi habitación, los dos individuos restantes me siguieron hasta el cuarto de baño y me introdujeron en la ducha. No quiero contar más veces lo que sucedió allí, ME NIEGO. Me niego a ser su muñeca. Todavía recuerdo las miradas, sus risas, sus comentarios, los gritos y los lloros de desesperación de mi compañera. Recuerdo mi cuerpo lleno de manchas orgánicas, mis sábanas, MI MANTA ROJA, todo quedó mancillado.

Así comenzó mi tormento, mi pesadilla. ¡Quiero despertar de este maldito sueño pesado que nunca acaba! Ahora entiendo por qué todas las mujeres tienen miedo a denunciar a sus maltratadores, ¿cómo no lo  van a tener? Tienes que contar la misma historia HUMILLANTE y DEGRADANTE una y otra vez hasta el final de los días. Tienes que recordar contantemente cosas que te hieren, que te rebajan, que te hacen sentir como si fueras la única culpable de todo lo que te ha pasado. Y después de contarlo todo, siempre hay alguien que dejar escapar desde lo más profundo de su empatía el típico “no, si lo mejor es dejarlo pasar” o “tampoco ha sido para tanto, ¿no?”.  Y te preguntas “¿por qué no se confunden y se lavan los dientes con superglue?”.

Una vez denuncias, van los policias a detener a los agresores. Estos pasan un par de días en el calabozo, declaran lo primero que se les pasa por la cabeza y te ponen a ti como si fueras Miss Matahari. Pero no pasa nada, porque al haber indicios de que pueden ser responsables directos de un delito contra la libertad sexual, se pone una cosa que se llama ORDEN DE ALEJAMIENTO. ¿Y en qué consiste? Muy fácil, es un dispositivo de papel que cuando tu agresor se acerca a ti a menos de 300 metros, te sale una armadura y puedes enviar una onda expansiva que mantenga al violador lejos de ti y sin que se comunique contigo. Y mientras tanto, a esperar que se celebre el juicio. ¡Qué bonito es el mundo, ¿eh?!

Y mientras esperas dos o tres años en la cola de los jurados, nunca debemos olvidar que el agresor siempre es inocente hasta que se demuestre lo contrario, incluso cuando está demostrado. No comprendemos el concepto de “presunción de inocencia”: amigos míos, que el agresor tenga derechos no significa que tenga más derechos o que deba ser tratado mejor que la víctima. Pienso que todas las personas tienen el mismo derecho, pero yo creía que para ser persona había que tener corazón.

Los agresores tienen derecho a mentir, a insultarte, a humillarte, a demostrar . ¿Y la víctima? La víctima tiene derecho a que la insulten, a que la degraden, a que la gente hable sobre ella,y a acudir a asociaciones feministas que le den dos golpecitos en la espalda y le digan: “¡todo pasará, no te preocupes, todo pasará!”. Y mientras tanto: traga, bonita, traga.

Y ahora, ¿alguien se pregunta por qué nadie se atreve a denunciar?