… Un conocido pederasta agrede a otra niña en su tercer día en libertad …

El nuevo arresto del ‘abusador de Astillero’ agita el debate sobre las excarcelaciones

PILAR ÁLVAREZ - Madrid – 04/09/2008

Salió de prisión y repitio el patrón de las últimas veces. Marcelino Fernández Arnaiz, cántabro de 54 años, se acercó a un grupo de niños que jugaban en una calle de Santander y les ofreció chucherías. Entre los menores, una niña de seis años a la que intentó agredir tres días después de abandonar la cárcel de Dueñas (Palencia) por una agresión sexual a otra pequeña por la que cumplió íntegra una pena de cinco años.

Todo ocurrió hace menos de una semana. Fernández Arnaiz salió de la cárcel el 20 de agosto. El día 23 llevó presuntamente a una pequeña a un portal para someterla a tocamientos. Un vecino consiguió pararle y la familia de la niña puso una denuncia. El 27 de agosto fue detenido. Este hombre acumula cinco condenas en las dos últimas décadas por conductas pedófilas. Los medios lo han bautizado como el pederasta de Astillero, municipio cántabro en el que actuaba. En 2005 fue condenado por agresión sexual, dos sentencias de 2000 lo castigaban por abusos sexuales y en 1991 otra más por agresiones y violación. Ha pasado por cárceles y por centros psiquiátricos. Una de las sentencias refleja que tiene un “coeficiente intelectual medio bajo, sin retraso mental” y en las dos últimas la reincidencia actúa como agravante. Ahora está recluido en la penitenciaría provincial de Santander por un nuevo caso por el que deberá ser juzgado.

Su actuación reabre el debate sobre los pederastas reincidentes y la manera en la que debe abordarse su reinserción. Está aún muy viva la alarma social desatada tras el caso Mariluz, la pequeña que falleció asesinada en marzo. La mató presuntamente Santiago del Valle, quien estaba en la calle porque el juez Rafael Tirado no ejecutó la sentencia firme que le enviaba a prisión por abusar de su hija.

Tras el suceso, todos los partidos políticos aprobaron por unanimidad en el Congreso elaborar un registro de pederastas, el endurecimiento de penas en el caso de delitos sexuales con víctimas especialmente vulnerables, tender al cumplimiento íntegro de penas e introducir medidas más eficaces de seguridad. Todas estas medidas están pendientes de desarrollo. La previsión es que el registro funcione en enero de 2009.

El ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, anunció en junio otra posibilidad: vigilar a los pederastas tras el cumplimiento de la condena. Tampoco esta medida se ha desarrollado aún. Fuentes del ministerio señalan que, para poder aplicarla sin que sea anticonstitucional, es necesario incluir medidas como la libertad vigilada o posibles controles en el texto de la sentencia. Fernández Arnaiz, cinco veces condenado, salió a la calle sin poder ser vigilado porque la ley no lo permite, confirman desde Instituciones Penitenciarias.

La reinserción de este tipo de delincuentes es otro asunto de debate. “Se producen pocos casos, apenas el 5% de los presos y con un bajo nivel de reincidencia”, señala Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco. El 18% de estos agresores repiten, como le ocurrió a Fernández Arnaiz y a otro pederasta, un británico de 62 años detenido el lunes en Villajoyosa (Alicante). Era buscado desde hace varios años por la policía del Reino Unido por diversas agresiones sexuales a menores. Echeburúa asegura que seguir un tratamiento en prisión rebaja el nivel de reincidencia de ese 18% al 4,1%. Es un tratamiento voluntario. Instituciones Penitenciarias no pudo precisar ayer si el pederasta de Astillero se sometió a alguna de estas terapias.

La niña de la que abusó “es una víctima de este individuo, pero también de la Administración de Justicia, y, por ende, del Gobierno, que es el que tiene que tomar las iniciativas necesarias para que estos casos se corrijan”, denunció un portavoz de Prodeni, asociación de defensa de los derechos de los niños. “No vale absolutamente de nada el tratamiento de reinserción que la sociedad, a través de la administración de justicia, hace de estos individuos, ya que lo único que se está haciendo es apartarles temporalmente”, sentenció. Y, en declaraciones a Servimedia, calificó de “sarcasmo” y “burla” el modelo de justicia que condena a estos individuos que “tan pronto salen a la calle, tras cumplir su condena, vuelven a cometer delito”.

Extraído de: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/conocido/pederasta/agrede/nina/tercer/dia/libertad/elpepusoc/20080904elpepisoc_4/Tes

¿Qué está pasando en esta sociedad? No entiendo cómo permiten que una persona de estas características salga a la calle. ¿Reinserción? ¿Desde cuándo los agresores tienen más derechos que las víctimas? ¿Quién les va a devolver la vida a todas los niños y las niñas que la perdieron gracias a gente como esta?

¿Qué está pasando últimamente con los pederastas, los violadores y los agresores? Visto cómo funciona la justicia,  ¿cómo se preguntan aún por qué la gente no quiere denunciar a los agresores? ¿Cómo van a denunciar? Sabiendo que aunque se denuncie esta gente acabará en la calle haciendo otra vez de las suyas, porque hay dos cosas que los protegen más a ellos que a sus víctimas: la primera, la presunción de inocencia; y la segunda, la reinserción del agresor/pederasta/violador en la sociedad. ¡ja!

Sin contar que los niños y las niñas muchas veces no contarán lo que les ha sucedido, y que las mujeres tienen miedo a que tomen represalías contra ellas o les hagan daño, y además, muchas de las mujeres que sufren maltratos por parte de sus cónyuges dependen de ellos económicamente.

Y la gente confía en la justicia y denuncian. Y alé…. premio. Le van a dar un papelito al agresor…. ejem, perdón: PRESUNTO AGRESOR… donde pone: “axo, no t’aserque’ ma’ ni a tu muje’, ni a tu shiquillo”. Y todo solucionado para ellos. ¡Olé, qué felicidad! Y así funcionan las cosas en Balonmanolandia.

Si fuera por mí los castraba a todos y los encerraba en prisión directamente toda la vida limpiando letrinas. No os dejéis pisotear, jamás. Ellos no se merecen vivir mejor que nosotr@s, ni nosotr@s nos merecemos vivir con miedo.

… 25 de mayo de 2007 …

Mi historia comienza la noche de un jueves, madrugada del viernes, a las cuatro y media de la mañana. ¿Qué hacía yo despierta a esas horas? Pues acostumbro a estudiar de noche, y esa era una de esas noches. Sin embargo, no era yo sola la que no dormía. Mi compañera estudiaba junto a mí, y en la planta de arriba los sujetos que luego serían protagonistas de este “evento” planeaban su maquiavélica acción, como forma de despedirse de esa gran temporada que habían realizado como “deportistas de élite”, esas personas que usan su cuerpo como medio de trabajo pero que tienen buena reputación. En nuestra queridad sociedad, en nuestro Mundo Feliz, todo el mundo tiene una función, una tarea; y si no sirves para nada, no te preocupes: seguro que alguien creará alguna asociación, alguna empresa, o algun club deportivo, para que tú formes parte de él; y (variando un poco la frase de Irina Dunn) un mundo sin un club deportivo es como un pez sin una bicicleta. Y en nuestra sociedad, es un derecho HUMANO que los peces usen bicicletas.

Bueno, ¿por dónde iba? Ah sí, estaba estudiando cuando a estos chicos se les ocurrió que podían bajar a mi planta, encerrarme en mi propio cuarto con uno de ellos y robar las llaves del mismo para que mi amiga no pudiera entrar. Creían que podían usar mi cuerpo como si fuera una muñeca hincable. Cuando conseguí salir de mi habitación, los dos individuos restantes me siguieron hasta el cuarto de baño y me introdujeron en la ducha. No quiero contar más veces lo que sucedió allí, ME NIEGO. Me niego a ser su muñeca. Todavía recuerdo las miradas, sus risas, sus comentarios, los gritos y los lloros de desesperación de mi compañera. Recuerdo mi cuerpo lleno de manchas orgánicas, mis sábanas, MI MANTA ROJA, todo quedó mancillado.

Así comenzó mi tormento, mi pesadilla. ¡Quiero despertar de este maldito sueño pesado que nunca acaba! Ahora entiendo por qué todas las mujeres tienen miedo a denunciar a sus maltratadores, ¿cómo no lo  van a tener? Tienes que contar la misma historia HUMILLANTE y DEGRADANTE una y otra vez hasta el final de los días. Tienes que recordar contantemente cosas que te hieren, que te rebajan, que te hacen sentir como si fueras la única culpable de todo lo que te ha pasado. Y después de contarlo todo, siempre hay alguien que dejar escapar desde lo más profundo de su empatía el típico “no, si lo mejor es dejarlo pasar” o “tampoco ha sido para tanto, ¿no?”.  Y te preguntas “¿por qué no se confunden y se lavan los dientes con superglue?”.

Una vez denuncias, van los policias a detener a los agresores. Estos pasan un par de días en el calabozo, declaran lo primero que se les pasa por la cabeza y te ponen a ti como si fueras Miss Matahari. Pero no pasa nada, porque al haber indicios de que pueden ser responsables directos de un delito contra la libertad sexual, se pone una cosa que se llama ORDEN DE ALEJAMIENTO. ¿Y en qué consiste? Muy fácil, es un dispositivo de papel que cuando tu agresor se acerca a ti a menos de 300 metros, te sale una armadura y puedes enviar una onda expansiva que mantenga al violador lejos de ti y sin que se comunique contigo. Y mientras tanto, a esperar que se celebre el juicio. ¡Qué bonito es el mundo, ¿eh?!

Y mientras esperas dos o tres años en la cola de los jurados, nunca debemos olvidar que el agresor siempre es inocente hasta que se demuestre lo contrario, incluso cuando está demostrado. No comprendemos el concepto de “presunción de inocencia”: amigos míos, que el agresor tenga derechos no significa que tenga más derechos o que deba ser tratado mejor que la víctima. Pienso que todas las personas tienen el mismo derecho, pero yo creía que para ser persona había que tener corazón.

Los agresores tienen derecho a mentir, a insultarte, a humillarte, a demostrar . ¿Y la víctima? La víctima tiene derecho a que la insulten, a que la degraden, a que la gente hable sobre ella,y a acudir a asociaciones feministas que le den dos golpecitos en la espalda y le digan: “¡todo pasará, no te preocupes, todo pasará!”. Y mientras tanto: traga, bonita, traga.

Y ahora, ¿alguien se pregunta por qué nadie se atreve a denunciar?